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Publicado por : Francisco PJ

Por mucho que nos apene, el verano está a punto de tocar a su fin. Ahora que el otoño toca a nuestra puerta, es momento de hacer balance de la temporada estival. Entre cambios de armario e imágenes de nuestras vacaciones pueden, sin embargo, intentar colarse recuerdos nada agradables de esos días de descanso. Y es que las estadísticas demuestran que las enfermedades venéreas sufren un notable repunte en este período del año. Para que las infecciones de transmisión sexual no hagan todavía más dura la vuelta a la rutina en este mes de septiembre, nunca está de más hacer hincapié en la importancia de una adecuada profilaxis en las relaciones íntimas. Que la pasión veraniega no nos lleve a caer en la tentación de entregarnos al sexo más kamikaze. 


Las autoridades sanitarias españolas han mostrado su alarma ante la cada vez mayor prevalencia de enfermedades venéreas como la gonorrea, la sífilis o la clamidia. No en vano, se considera que casi la mitad de las personas sexualmente activas son susceptibles de padecer algún tipo de infección sexualmente transmitida. Puede que nos creamos a salvo de las mismas, pero no conviene bajar la guardia. De hecho, el incremento en los diagnósticos de este tipo de patologías suele asociarse con una cierta relajación de las medidas de protección a la hora de mantener relaciones sexuales. Tras el período crítico representado por la década de los ’90 y la expansión pandémica del VIH, las campañas de salud pública parecieron calar hondo en la población mundial. El temor a contraer una enfermedad que nos condujese casi irremediablemente a una rápida agonía nos disuadió entonces de disfrutar alegremente del sexo sin protección. Por suerte o por desgracia, el descubrimiento de los llamados cócteles de fármacos para el tratamiento del SIDA ha dado un giro inesperado a nuestra percepción de las enfermedades de transmisión sexual. Convertida en una dolencia crónica, el síndrome de inmunodeficiencia adquirida ha perdido ese halo de espada de Damocles. 

Uno de los rasgos comunes en muchas infecciones venéreas es su carácter asintomático. Así, tanto la gonorrea como la clamidia no suelen provocar ningún tipo de reacción en la mujer que las padece o, de hacerlo, ésta puede ser equívoca. Por eso, puede pasar una larga temporada hasta que sospechemos de su existencia. Diagnósticos tardíos, manifestaciones confusas, tratamientos largos, cronicidad de los brotes…: tal es el panorama real de las enfermedades de transmisión sexual. Con más de cincuenta subtipos reconocidos, la mejor vía para blindarnos frente a ellas sigue pasando por la plena conciencia y consciencia en el uso de métodos anticonceptivos. No debemos confundir la prevención de embarazos con la protección de nuestro organismo frente a virus, bacterias o parásitos que pueden desembarcar en él a través de una relación sexual al natural. El preservativo –tanto en su versión masculina como femenina- es el sistema de profilaxis sexual que ofrece mayores garantías. Y, sin embargo, el virus del papiloma humano se le resiste… pero eso es ya tema para otro artículo.

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