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Publicado por : Francisco PJ


¿Por qué unas personas están gordas y otras delgadas, comiendo ambas lo mismo? Esta pregunta, en parte, puede responderse a partir de la evolución humana, y como un cambio genético necesario en la antigüedad, como fue el genotipo ahorrador, se convierte en la actualidad en un mal que aqueja a gran parte de la población. Para comprenderlo en toda su magnitud es necesario conocer la historia de la alimentación en la humanidad, que expongo aquí a continuación; si alguien quiere ir directamente al grano puede pasar al final de la entrada. Que lo disfruten.

La Evolución y la obesidad

La casi totalidad del genoma humano se formó durante la evolución preagrícola y se considera que es el óptimo, el que nos permitió adaptarnos a las modificaciones del medio a las que se enfrentaron nuestros antecesores en cada etapa de nuestra evolución. Desde el punto de vista de la evolución biológica, si los genes que favorecen la obesidad están en nuestro genoma, es porque en algún momento de nuestra evolución nos beneficiamos de poseer tales características.

La vida en el paraíso

Hace unos cinco millones de años, habitaba una estirpe muy especial de monos hominoideos: los Ardipithecus ramidus. El Ardipithecus ramidus, como la primates que aún habitan en la actualidad las selvas tropicales, no necesitaban acumular excesivas reservas de grasa, ya que en ellos la disponibilidad de comida era constante y el alimento siempre accesible, durante todas las estaciones.


La pérdida del Paraíso

Hace 4 millones de años la selva estaba siendo sustituida por una la sabana arbustiva. Para el Australopithecus su alimentación era diferente a la de sus antecesores. Ya que las plantas de elevada calidad nutritiva, en especial las frutas y los brotes tiernos se hicieron más escasas y dispersas, tenían que moverse mucho lo que implicaba un aumento del gasto energético para encontrar un alimento, cada vez de menor densidad energética.

Los Australopithecus, se enfrentaron a una situación novedosa en toda la evolución precedente: el pasar hambre. Sólo existe una forma de adaptarse a sobrevivir durante largos periodos de escasez de alimentos: el almacenamiento de reservas. La selección natural, apoyada en una serie de ventajosas mutaciones genéticas, desarrolló una peculiaridad metabólica que se ha denominado "sensibilidad diferencial a la acción de la insulina". Según la hipótesis de "el genotipo ahorrador" que formuló Neel en 1962, éste permitía una ganancia rápida de grasa durante las épocas de abundancia de alimento y así proporciona ventajas de supervivencia y reproducción en épocas de escasez.


La revolución neolítica

La domesticación de los animales y el cultivo de las plantas progresivamente fue cambiando la manera de alimentarse de nuestros antecesores. La agricultura, junto con el fuego, permitieron el consumo de semillas como el trigo o el arroz y el acceso a las legumbres, que no se pueden consumir en crudo. También se procesaron los alimentos de origen animal para su conservación, como el secado de trozos de carne al aire frío o mediante el ahumado. Hace quince mil años, cuando nuestros antecesores comenzaban a desarrollar esta nueva forma de vida de agricultores y ganaderos, la mayor parte de ellos portaban en sus células el genotipo ahorrador. Pero las mejores condiciones de alimentación redujo la presión selectiva por el genotipo ahorrador.


La desviación de nuestro diseño

Hace apenas unos cien años, con la revolución industrial, nuestras condiciones de vida cambiaron drásticamente y nos alejamos definitivamente de nuestro diseño evolutivo: comenzamos a ingerir una alimentación muy rica en calorías, hiperproteica, abundante en grasas saturadas y en hidratos de carbono de absorción rápida, de elevado índice glucémico. Además, el desarrollo de máquinas que facilitaban todas nuestras labores y de los vehículos que nos transportaban diariamente sin esfuerzo, redujo nuestro nivel de actividad física, dejó de costarnos esfuerzo conseguir nuestros alimentos. En estas condiciones el genotipo ahorrador, al someterse a unas condiciones muy alejadas del diseño para el que se desarrollaron, se convirtió en promotor de enfermedad y en especial se acrecentó nuestra tendencia a la obesidad.


Conclusiones

La insulina, una importante hormona presente en nuestro organismo, permite que las células de nuestro cuerpo "absorban" la glucosa presente en nuestra sangre para utilizarla en su metabolismo. Sin embargo, existen algunas personas cuyas células musculares apenas captan la glucosa. En su lugar, serán los adipocitos los que la capten, pero no para convertirla en energía, sino para almacenarla transformándola en grasa. Este comportamiento se debe a una serie de genes (genotipo) que determina, en mayor o menor medida, este resultado.

¿Qué quiere decir esto? Que las personas que tengan estos genes (llamado genotipo ahorrador) van a almacenar un porcentaje mayor de grasa de los alimentos que consumen. Son "ahorradores" en el sentido de que evitan que gran cantidad de la glucosa sea utilizada por los músculos y, en su lugar, la transforman en triglicéridos para almacenarse en el tejido graso. De ahí que dos personas comiendo lo mismo, con la misma dieta y metabolismo basal, una pueda engordar más que la otra porque transforma un mayor porcentaje de lo que ingiere en grasa.

Ser un genotipo ahorrador en el primer mundo es una desventaja. Ante un mínimo exceso de consumo de kilocalorías se engorda con facilidad y, con ello, aparecen otros trastornos asociados (diabetes, obesidad, hipercolesterolemia...) . Además, no sólo engordan, sino que también suelen necesitar ingerir más alimentos para saciar el apetito.

La medicina evolucionista señala que el sedentarismo, el exceso de calorías en nuestra alimentación, el abuso de hidratos de carbono de absorción rápida, de elevado índice glucémico y el exceso de grasas saturadas son circunstancias que nos alejan de nuestro diseño, elaborado a lo largo de millones de años de evolución y en consecuencia derivan en enfermedad. Según la medicina darwiniana, nuestros genes y nuestras formas de vida ya no están en armonía y una de las consecuencias de esta discrepancia, entre otras más, es la obesidad. La prevención y el tratamiento, según los preceptos de la medicina darwiniana, pasarían por adaptar nuestra alimentación y nuestro estilo de vida, dentro de lo posible, a las condiciones en la que prosperaron nuestros antecesores, a nuestro diseño. Esta sería la única manera de poner en paz nuestros genes paleolíticos con nuestras formas de vida de la era espacial y prevenir así el desarrollo de la obesidad.

Voy a poneros un claro ejemplo de todo esto: Las familias aristocráticas y adineradas con una historia antigua, como por ejemplo la Casa de Alba aquí en España, han disfrutado de siglos y siglos de comida en abundancia, por lo que no han necesitado del genotipo ahorrador; por esto, nos será bastante dificil encontrar una persona entradita en carnes entre sus filas.

A diferencia de estos, en las familias que descienden de grupos que han pasado hambre crónica, sólo han sobrevivido aquellas personas con este genotipo, por lo que en la actualidad sus descendientes son bastante propensos a la obesidad.




FUENTE: Sociedad Valenciana de Medicina: El mono obeso / Soitu.es / Elaboracion propia

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