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Publicado por : Francisco PJ

Si os ponéis a preguntar a un grupo de niños pequeños (no demasiado pequeños, solo un poco) que es lo que quieren ser de mayor, los niños te dirán que futbolistas, bomberos, policías o médicos; las niñas te dirán que bailarina, maestra, cantante o médico (sí, terminado en "o"). Está claro que gran parte de ellos se quedarán en el camino por diversos motivos: notas no lo suficientemente altas, desmotivación, problemas personales... pero habrá algunos que seguirán adelante a pesar de todos los problemas que aparecerán y entrarán a estudiar medicina.

Pues bien; Hoy nuestro compañero twittero, medico-estudiantil y blogero Jesus Villegas (co-autor del blog El paciente y tú) nos cede amablemente el relato de sus andanzas preuniversitarias y como llegó a entrar a los estudios de Medicina. Aprovecho para animar a los jóvenes y no jóvenes que quieran estudiar medicina: si te gusta aprender y que tu vida sea un reto constante, adelante.


MÉDICO SOÑADOR

Y te levantas un día viéndolo claro. No importa que tengas diez u once años, simplemente crees que es la decisión más acertada. Por fin tendrías una contestación firme y segura a la tan afamada pregunta de ¿Qué vas a ser de mayor?. De alguna forma u otra tú ya te sentías así, no había que esperar a ser mayor para serlo realmente, pese a la corta edad y pese a que en esa etapa de la vida las ideas van y vienen como una pelota de tenis.

Nueva reunión familiar y te hacen esa pregunta, ¿Qué vas a ser de mayor? ¿Qué vas a estudiar? Entonas la voz, sin titubear y dices claramente, “Quiero ser médico”.

Porque yo soy de los que creen que un médico se hace y a la vez se nace (o al menos los buenos), es decir, en tus genes va esa vocación, no importa las otras carreras, tú sólo te ves vistiendo una bata blanca, perchero de un fonendo y curando a gente que está enferma. Así es, esa mañana no sólo decides ser médico, sino que vas más allá, y dices “Sólo puedo ser médico”. Todos sabéis de lo duro de la carrera, 6 años que parecen eternos, llenos de complicaciones y más palabrería que ya sabemos, pero también, antes has de pasar por la ESO, bachillerato y la temida selectividad, siendo cada año un peldaño un poco más alto y costoso. Pero no importa.

Cuando te quieres dar cuenta ya estás en bachillerato, han pasado 6 ó 7 años desde tu gran decisión y aún la sigues teniendo grabada a fuego, sin el menor atisbo de duda. Con gran ilusión piensas que, en dos años ya por fin cumplirás tu sueño, porque hasta ahora era eso, simplemente un sueño, producto de la imaginación; tú entrando en la universidad, ¿Universidad? Puf, eso aún es mucho para mí, aún me queda bastante. Pero no, la idea de la selectividad llega pronto y sin darte cuenta ya te encuentras preparando tal temido examen, hasta la fecha el más importante de tu vida. El bachillerato por algún que otro contratiempo o problema no ha salido como tú esperabas pero no importaba, estás convencido de que lograrás tu objetivo. Haces selectividad, una mala mañana y todo se vuelve aún más complicado. Miras tu nota, observas las listas y por primera vez hace acto de presencia el “creo que no voy a poder entrar”; hasta tal punto que te plantas en Octubre y efectivamente te quedas fuera, ese año precisamente ha subido el precio para entrar en tu carrera.

“La gran decepción” se podría titular la película. Y te deprimes. La idea de que “sólo puedo ser médico” sigue ahí, no escuchas a nadie, no quieres hacer nada más, hasta tal punto que dices: “O soy médico o no soy nada”. Pero eso a la vez duele, toda tu vida sacando excelentes notas para luego por un mal año que tuviste, tener que pagarlo así de caro. Ves como tus compañeros ya están en sus carreras, ocupados, viendo, sintiendo y viviendo cosas nuevas y tú ahí, sin hacer nada, perdido. Sólo en tu cabeza está eso de “soy un inútil”. Te plantas en Enero y aún sigues deprimido, sin ganas de nada, con la idea de que eres un fracasado, de que no vales para nada, incluso en tu pueblo oyes comentarios sobre ti. Impaciente como el que más, hasta la fecha ves imposible esperar un año más para intentar, sólo intentar, cumplir tu objetivo.

Pasa el tiempo, te levantas otra mañana y lo vuelves a ver claro, esa idea que antes te hacía daño, eso de que “sólo puedo ser médico” ahora te ayuda, te lleva en volandas y poco a poco te enseña a ser paciente, sí, paciente, término no encontrado en mi personalidad hasta ese momento. Cada día te hace ser más fuerte, volver a encontrarte, volver a creer que sí, tú puedes, que pese a que tienes que sacar más de un 8 en selectividad lo ibas a conseguir. Más energía, ilusión, seguridad, te sentías como antaño cuando te felicitaban por lo bueno que eras; y empiezas a devorar todos los temas que tienes que preparar. Una y otra vez. Ya estás en Mayo, ya viene. Tu calculadora se vuelve tu amiga inseparable, “¿Y si saco esta nota? Bueno, andaremos justos...¿Y si saco esta otra? Buas! ¡Esta sería genial!”.

Todo tiene que salir a la perfección, no puede fallar nada. Tiene que ser como una obra de teatro que sigue un guión, precisamente mi guión que se encontraba en modo pausa, tenía que volver a reanudarse. Primer día de exámenes, bien. Segundo y tercero genial. Estaba contento. La suerte estaba echada, yo no podía hacer nada más, había sacado todo de mí, no podía haber rendido a más nivel si me lo hubieran pedido. A partir de ahora sólo quedaba esperar y que reinase en ti una mezcla de miedo, expectación, inseguridad, miedo, inquietud, miedo y más miedo.

Y te vuelves a levantar otra mañana y echas la vista atrás. Cuántos sufrimientos, lágrimas y sentimientos sentidos hasta ahora. Ya todo había pasado. Te vistes deprisa, te peinas con atención, desayunas echo un manojo de nervios, coges una de tus mejores libretas, tu mochila del “cole” recién lavada y ya estás casi preparado. Vas a abrir la puerta de tu nuevo piso, que se encuentra a casi 1000 kilómetros de tu familia, de tu casa de siempre y no puedes evitar acordarte de todos aquellos que en los momentos más difíciles no dejaron de confiar en ti, gracias a ellos estabas justo ahí.

Pasados unos minutos vuelves a acordarte de tu gente, muy lejos físicamente pero a la vez muy cerca. Estás frente a tu nuevo “cole”, una universidad de medicina. Piensas, “lo he conseguido, estoy dentro, voy a cumplir mi sueño, voy a ser médico”.

Este relato que refleja mis “andanzas” antes de entrar en la universidad (totalmente real), se lo quiero dedicar a todos aquellos que en su momento han pasado por momentos difíciles y se sentían sobrepasados por las circunstancias; de todo se sale, con tres armas: paciencia, esfuerzo y un objetivo. ¡¡¡Ánimo!!!

{ 7 comentarios... léelos y comenta }

  1. Me alegro que hayas conseguido tu objetivo, compi ;) Yo también pensaba eso de "o soy médico, o no soy nada", y de verdad me preocupaba cuando veía las notas de corte tan altísimas. Me quedé a 0,1 para entrar en Oviedo, la 20 en lista de espera, y me tuve que venir a Salamanca, donde estoy encantada (y creo que al final de todo, hice una buena elección).
    Buen post, un saludo ;)

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  2. Wow! ya está publicado! Gracias crack!

    Gracias Irene, la verdad es que un añito en blanco se hace muy duro, pero la verdad es que se aprende bastante, como por ejemplo a ser paciente, madurar y mirar los problemas desde otro punto de vista, más positivo diría yo. Me alegro que os haya gustado!

    PD: ya he enlazado el post en mi blog! ;)
    saludos compañeros!

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  3. Bonita historia :) Yo también tuve claro desde ¿siempre? que quería ser maestra. Mi problema en Selectividad fue que pese a haber sacado un 7 y pico, por un decreto publicado "en secreto, "sólo me dejaban acceder a las carreras donde quedasen vacantes. Así que me fui a la cuarta o quinta opción: Maestra de Francés en Almería. Y oye, yo encantada: ¡no me pudo venir mejor ese decreto! Creo que muchas veces las cosas pasan por algo pasan por algo...

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  4. :) Buen ejemplo de trabajo, esfuerzo y superación. Yo también pasé mis nervios.. Obtuve un 8,26... la nota de corte de la UAM se quedó en el 8,25... Puedo decir que entré prácticamente la última... :P

    Muacksss

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  5. Me ha encantado tu post, yo también creo que toda aquella persona que quiera ser médico tiene que serlo de forma vocacional, mi caso fue similar al tuyol. Yo desde siempre (dsde los 3 o 4 años) siempre tuve claro que quería ser médico, me esforcé mucho durante la ESO y bachillerato, pero por injusticias de la vida no obtuve una nota como la que debería haber tenido, aunque tampoco fue mala, me planté en la selectividad y mis nervios me jugaron una mala pasada.
    Y ahí fue cuando pasé ese verano horrible con la calculadora a mi lado como tú dices (si hubiese sacado esta nota en tal examen bla bla bla), estuve todo el verano esperando a ver si habia alguna renuncia en mi universidad pero nada, me quedé de segunda en la lista de espera a 0.04 de la nota de corte. La suerte fue que a mi madre se le habia ocurrido echar tb la preinscripción en Salamanca (y sólo en Salamanca, no me digas porqué pq fuimos tontas, podría haber entrado antes en Valladolid por ejemplo, pero solo me habia preinscrito en Salamanca), yo creo q fue el destino pq a los 3 días de haber empezado la uni (me habia matriculado en mi segunda opción: enfermería) me llamaron de Salamanca q habia habido renuncias y estaba aceptada. Asi que allí me fui a comenzar mi sueño.
    Además en 4º de carrera tuve otra vez la enormísima suerte de que me concedieron por fin el traslado de expediente, y mírame, al final conseguí licenciarme en mi universidad de origen!!!!!

    Así que como tú dices, yo tb creo que todo pasa ppor algo. Y que lo importante es no perder las ganas y la ilusión. Lo importante es que si quieres ser médico y le pones empeño, serás médico. Yo soy el ejemplo vivo ;)

    Un saludo y como te digo me ha encantado tu entrada, me ha dado mucha nostalgia :)

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  6. Genial Historia!!... permiteme decirlo a mi tambien, la mas bella frase para todo medico soñador...!!! “lo he conseguido, estoy dentro, voy a cumplir mi sueño, voy a ser médico” XDDD...!

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  7. Gracias, realmente este último año se me ha hecho muy difícil. Voy en 4° medio (último año de colegio en Chile) y estoy preparándome para rendir la prueba de selección. Me ha pasado lo mismo que a tí. Desde que tengo uso de razón quiero llegar a ser médico, es mi vocación y no me imagino en otra cosa. No todos confían en mí, tengo a gente muy buena a mi alrededor y pienso que es un gran desafío para mí entrar y mantenerme en la universidad en medicina. Es una carrera muy difícil y se requiere mucho estudio.
    Últimamente, ando muy preocupada por confiar en que puedo quedar, el cual es el primer paso, haciendo cálculos de que nota necesito y todo eso, incluso me siento frustrada y estresada muchas veces, pero con tu post me vino esa cosa que desde chica he sentido, esa vocación, ese amor y la seguridad que se me daba tan bien en un tiempo lejano. Ahora todo se vuelve real y el nerviosismo aumenta. Gracias de verdad por darme aliento para continuar con fe.

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