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Publicado por : Francisco PJ


Esta historia da para muchas arrastradas de la ruedecilla del ratón, pero intentaré ser breve. Estamos en el año 1881; mientras en Europa se llevan las minifaldas por los tobillos y en Cuba todavía no estaba Fidel Castro, en las obras del Canal de Panamá se da la primera muerte de un obrero por fiebre amarilla. La obra estaba siendo llevada a cabo por la francesa Compañia Universal del Canal de Panamá, la Sacyr de la época.

Pues bien, La Compañía invirtió grandes sumas de dinero y cientos de miles de empleados en la obra faraónica en que se estaba convirtiendo aquello, y para añadir más dificultad a la cosa los obreros enfermaban a miles (y morían) debido a la mencionada fiebre amarilla. Para la empresa no era problema eso, se remplazaban y punto; el problema era que debían de pagar altísimos sueltos (de controladores para arriba) para atraer a los trabajadores a lo que era una muerte casi segura.

A medida que la obra avanzaba, sucesivos e incontrolables brotes de Malaria y Fiebre Amarilla sembraban la muerte entre obreros y técnicos. Se calcula que de los 186 mil hombres que en total empleó la compañía francesa en las obras, fueron atacados de Fiebre Amarilla 52 mil. De acuerdo con datos de la época, la incidencia de la enfermedad fue tanta, que por momentos llegaron a estar infectados a la vez el 60% del total de los trabajadores, de los cuales muchos morían sin que nadie pudiera explicarse las causas de tan generalizada propagación.

En 1889, luego de nueve años de trabajo agotador, el azote incontrolable de las enfermedades, malos manejos económicos y errores de cálculo en la magnitud de la obra hicieron que la Compañía Francesa del Canal de Panamá quebrara y con ella se desvaneciera el sueño francés de la ruta transístmica.

¿Y aqui acabó la historia? No señores; como siempre, ahí estaba EEUU atento a los acontecimientos para poder sacar tajada. Pero estos americanos no eran tontos no, cuando emprenden una obra o una guerra estan seguros que van a terminar bien. Simplemente les dieron en el 1904 unos millones a los franceses y les compraron el chiringuito.

¿Y que hicieron? Lo mejor que pudieron hacer, mandar a un médico a que solucionara el problemilla de las miles de muertes que se producían sin saber la causa (por aquellos tiempos se desconocía que la transmisión de la enfermedad se debía a ciertos tipos de mosquitos que criaban en zonas húmedas).

Así llegó, procedente de Cuba, el recién designado Jefe de Sanidad de la obra, coronel William Crawford Gorgas, médico norteamericano, especialista en enfermedades tropicales, quién junto a su personal fue de los primeros en llegar al Istmo para acometer las tareas de saneamiento.

Los galenos norteamericanos, recién llegados a Panamá, insistían en que resultaba imperioso concluir las labores de saneamiento, incluida la erradicación de los mosquitos, antes que arribaran las grandes masas de trabajadores, no inmunes, y se infectaran. Sin embargo a finales de 1904 se desató la primera epidemia de Fiebre Amarilla, y se hizo evidente que era necesario adoptar medidas urgentes. Los trabajos se iniciaron, colocando mallas en ventanas y puertas, fumigando de casa en casa las ciudades de Panamá y Colón, así como llenando de aceite, semanalmente, las cunetas y letrinas. El plan incluyó además la creación de potabilizadoras de agua en las fuentes que abastecían las ciudades de Panamá y Colón para eliminar la necesidad de mantener contenedores de agua que pudieran servir como criaderos de Aedes Aegipty, mosquito transmisor de la Fiebre Amarilla. Paralelamente, se dio inicio al alcantarillado de ambas ciudades, así como a la pavimentación de sus calles.

Como resultado de todas estas medidas, la Fiebre Amarilla fue total y permanentemente erradicada del Istmo. El 11 de noviembre de 1905 se informó del último caso en la ciudad de Panamá.

Sin embargo la Malaria continuaba causando estragos. Durante 1905, el primer año de labores por parte de Estados Unidos, casi toda la fuerza laboral norteamericana, incluyendo al propio Gorgas, contrajo la Malaria luego de estar, en algunos casos, sólo un mes en el Istmo.

Una vez más, el médico Gorgas tenía la solución. Tras conocer que el mosquito Anófeles (transmisor de la enfermedad) no puede volar muy lejos sin posarse sobre algún tipo de vegetación, se limpiaron áreas de 200 yardas de ancho alrededor de los lugares donde vivía y trabajaba la gente.

Se drenaron extensas áreas de pantanos, se abrieron aproximadamente mil millas de zanjas de tierra y otras 300 de concreto, se arrojaron rocas a lo largo de las cunetas y cavaron casi 200 millas de drenajes con losa, se cortaron cientos de acres de vegetación y rociaron el agua empozada con miles de galones de aceite
Mensualmente se aplicaron unos 200 barriles de veneno, una mezcla de ácido carbólico, resina y soda cáustica, alrededor de los bordes de las piscinas naturales y corrientes de agua para evitar que la vegetación obstruyera la libre distribución del aceite vertido para matar las larvas.

Para finales de 1906, cuando el presidente norteamericano Theodore Roosevelt visitó Panamá, Gorgas y su equipo médico habían controlado y reducido a su mínima expresión los brotes de Malaria Y Fiebre Amarilla.

Finalmente, el Canal de Panamá fue terminado en el año 1914, permitiendo un paso a los barcos entre el Atlántico y el Pacífico. Y se terminó gracias a un médico.

Fuentes: Esta, esta, esta y esta.

{ 8 comentarios... léelos y comenta }

  1. Muy buena la info! me sirvio mucho!

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  2. Al autor o autora de este articulo comete un lamentable y cruel olvido, el verdadero descubridor del agente trasmisor de la fiebre Amarilla fue el cubano Dr. Carlos Juan Finlay Barres, que nació en la ciudad de Puerto Príncipe (actual Camagüey), Cuba, el 3 de diciembre de 1833.

    El joven Finlay realizó estudios de medicina en Francia - Le Havré y Rouen -, así como en Filadelfia, Estados Unidos, donde tuvo como profesor a Kearsly Mitchell, uno de los pioneros de la teoría de los gérmenes como agentes patógenos.

    En 1857 se estableció como médico en La Habana y en febrero de 1881, y como delegado especial de Cuba ante la Conferencia Sanitaria Internacional que se celebró en Washington, el hasta entonces desconocido médico cubano Carlos J. Finlay sorprendía a todos al exponer allí los resultados de sus detallados estudios sobre la fiebre amarilla.
    En 1900, posterior a la intervención militar norteamericana en la guerra Hispano-Cubana, llegó a Cuba una representación de la Comisión Médica del Ejército de Estados Unidos, encabezada por Walter Reed, bajo la supervisión y participación directa de Finlay, la Comisión puso en práctica una serie de experimentos cuidadosamente controlados, como si se tratara de un descubrimiento propio, los resultados de este estudio epidemiológico fueron presentados por Walter Reed en la Conferencia Sanitaria Panamericana de ese año, que se realizó en La Habana.
    El eminente sabio cubano, que con total desprendimiento había puesto en manos de las autoridades de intervención norteamericanas el resultado de largos años de investigación, era despojado de su trascendental descubrimiento.
    Esa es la verdadera historia, no se hagan eco de las falacias históricas.

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    1. Asi es amigo. Me dio dolor al ver que es Gorgas que tomo todo el credito de este descubrimiento.

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    2. no es la respuesta que busco

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    3. Totalmente de acuerdo con el comentario del 11 de junio. Es más, me da la impresión de que quien escribió el artículo base es cubano, por el estilo de redacción y por el vocabulario usado. (yo también soy cubano) Si así fuera, el olvido de Finlay es aún más grave. Lo cierto es que no solo Gorgas se llevó los créditos por lo del canal de Panamá (aunque le corresponde realmente la parte que tiene que ver con la divulgación y la implementación de la teoría de Finlay en el Canal). Otro médico norteamericano, el famoso Walter Reed, también se llevó la mayor parte de los créditos, cuando su labor con respecto a la fiebre amarilla fue casi ¡VEINTE AÑOS MÁS TARDE! que la formulación Y COMPROBACIÓN hecha por Finlay con respecto al Aedes aegypti como agente transmisor de la fiebre amarilla. Una vez más, la injusticia sobre la primacía del descubrimiento tuvo su origen en el racismo, que modula la aceptación o no de algo nuevo cuando de ciencia se trata. El descubrimiento de Finlay fue no solamente ignorado en su tiempo, sino incluso ridiculizado por algunos "notables" galenos de su época. Entonces, 20 años más tarde, cuando Walter Reed "redescubrió" el asunto, "casualmente" ¡en Cuba!, durante la Guerra Hispano-Cubano-Norteamericana (de lo que los historiadores yanquis sacan la palabra "cubano", como si los mambises no hubieran existido), entonces fue que las publicaciones científicas echaron las campanas a volar por el "gran descubrimiento" del Dr. Reed. Así son las cosas, en el mundo de la ciencia, la mayor parte de los investigadores sabe quién fue el verdadero precursor de esta rama de la epidemiología, pero para el "gran público", para las masas, que reciben lo que publican los "grandes medios", el gran precursor pareciera ser Walter Reed. Menos mal que al menos los cubanos conocemos esta verdad histórica. Saludos.

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  3. waaooooooo verdaderamente una historia sorprendente y notablemente vemos que la medicina en la epoca que estemos es muy necwesaria e importante para salvar vidas.. <3

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  4. tambien trabajo para erradicar esa enfermedad el medico Salvador Gitierrez quien llego procedente de belgica y trabajo arduamente en esta labor

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